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jueves, 13 de enero de 2011

Frederic Edwin Church

Pintura de Church, del salto del Tequendama.




Entre abril y agosto de 1853 pasó por la República de la Nueva Granada Frederic Edwin Church, quien llegaría a ser el pintor más famoso y reconocido de los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX. Nacido en la próspera ciudad de Hartford, Estado de Connecticut, el 4 de mayo de 1826, en una familia acomodada y de larga tradición puritana, recibió la más esmerada educación disponible en su época. Desde muy joven mostró una imaginación desbordante que llevó a que, a regañadientes, sus padres aceptaran que su único hijo varón estudiara pintura, profesión no bien vista por ellos. En 1844 inicia sus estudios con Thomas Cole, el artista más importante de la época, quien aceptó recibirlo como su único discípulo. En sólo dos años Church había aprendido tanto, que hay quienes afirman que su talento y habilidad sobrepasaban a los del profesor.

En Estados Unidos a mediados del siglo XIX florecían movimientos artísticos e ideológicos muy diferentes, pero casi todos orientados hacia un marcado nacionalismo, y se daba la evolución de un pensamiento trascendentalista y una firme creencia en que el estadounidense tenía un destino manifiesto en el transcurrir de la historia. Por ello, no es de extrañar que un joven aventurero, inquieto y culto tuviera influencia de estas corrientes. Las primeras obras importantes de Church tienen la clara impronta de Thomas Cole, y de alguna manera también la tendrían, aunque en menor grado, las obras maestras que produciría en más de medio siglo de trabajo: la grandeza del Creador representada en espectaculares paisajes de diversos lugares del mundo, y la pequeñez del hombre ante tal magnificencia. Una de las influencias decisivas en la vida de Church fue su conocimiento de la obra de Alexander von Humboldt, a quien su generación de artistas e intelectuales admiraba. Por ello, en 1853, decidió realizar parcialmente el viaje que había emprendido Humboldt medio siglo antes, intentando visitar los mismos lugares por donde pasó el sabio.

Acompañado por su amigo y patrocinador Cyrus W. Fieid, quien sería más tarde el promotor del tendido del cable transatlántico, partió de Nueva York el 8 de abril de 1853, cargado de cartas de presentación para las autoridades neogranadinas, los agentes diplomáticos y personalidades influyentes. Llegaron a Sabanilla, puerto marítimo de Barranquilla, el 28 de abril. En esta localidad tuvieron que esperar varios días a que estuviera disponible un barco de vapor que los subiera por el río Magdalena. Desde su llegada, se dedicó a conocer los alrededores de Barranquilla y a dibujar cuanto le parecía curioso y de importancia. Allí escribió las primeras de trece cartas dirigidas a su familia, empezó un pequeño diario escrito en un castellano incipiente e inventado; luego redactaría otro diario, en inglés, que recoge las impresiones de su paso por la República de Ecuador, y comenzó a realizar más de un centenar de dibujos y bocetos. Desafortunadamente, su diario en inglés del trayecto por la Nueva Granada y algunos bocetos y datos que había reunido se perdieron en Túquerres, ya terminando su viaje por Colombia. Sin embargo, las cartas que envió a la familia son bastante detalladas y permiten conocer sus impresiones acerca de la Nueva Granada, de su paisaje, de sus costumbres y de sus gentes.

lunes, 18 de octubre de 2010

MINIATURA DE LA CORTE


Nicholas Hilliard autoretrato

En los años 1500-1600 la miniatura se separo del manuscrito, artistas como Luke Hornebolte and Hans Holbein de Alemania, fueron los primeros en explotar eta técnica y trabajaron como miniaturistas de la corte. La técnica miniaturista se popularizó y volviéndose mas meticulosa y refinada. El artista Nicholas Hilliard (Pintor de la corte de la reina Elizabeth I) y Isaac Oliver (aprendiz de Hilliard) escriben el primer tratado sobre la miniatura "El arte de Iluminar". Hilliard adaptó el formato oval y Oliver le da una sensación más natural a sus miniaturas, introduciendo el sombreado a la técnica ; este tipo de pintura en miniatura se realizaba en una gran variedad de técnicas pictóricas como óleo sobre cobre, estaño, esmalte o marfil, aguadas sobre pergámino o cartulina, o desde el Siglo XVIII acuarelas o aguadas sobre marfil. La técnica entro en rápida decadencia con la llegada del daguerrotipo en 1840.

jueves, 14 de octubre de 2010

LA MINIATURA "CÓDICES"

Splendor Solis, Busqueda de la naturaleza de los cuatro elementos.

El término 'miniatura' deriva de la utilización del minium como componente habitual de la tinta que se utilizaba para la iluminación de códices medievales. El minio es el oxido de plomo, un pigmento color naranja. En principio, el término indicaba la operación consistente en subrayar o pintar con minio el título de un libro o los de sus capítulos y, por extensión, se aplicó después a las pinturas que decoraban e ilustraban el texto, de modo que la miniatura vino a ser como su traducción figurada.

Los manuscritos ilustrados son los artículos sobrevivientes más comunes de la Edad Media. Ellos son también los mejores especímenes sobrevivientes de pintura, y los mejores preservados. De hecho, en muchos lugares y por mucho tiempo, fueron los únicos ejemplos de pintura sobrevivientes.

El modo de obtener los colores para los trabajos miniados nos lo relata Isidoro en el libro XIX de las Etimologías, en el tratado De coloribus. Noticias valiosas al respecto suministran las anotaciones hechas por los propios artistas en las guardas de los manuscritos y en los márgenes de sus folios. El color negro se obtenía del hollín producido por la combustión de sarmientos, de cera, de aceite o de otras sustancias. Pero como el negro así obtenido era poco consistente, se buscaron otros procedimientos que además lo diferenciasen del negro utilizado en las tintas. El blanco, de menos uso que el negro, se sacaba de la combustión de huesos de animales, y mejor de delgadas láminas de plomo tratadas con vinagre fuerte en recipientes bien cerrados. El rojo se obtenía del minio; el amarillo de la tierra conocida con el nombre de oropimente rejalgar (sulfuro de arsénico) o del azafrán; el azul de variadas materias según sus matices; el celeste, de compuestos de cobalto en su estado natural. Debieron de existir, a partir del s. xi, algunas fórmulas químicas que se consiguieron en determinados monasterios, así como disolventes líquidos: clara de huevo mezclada con agua, miel, azúcar, albayalde, gomas, etc.

domingo, 10 de octubre de 2010

"ARTE ORNITOLÓGICO"

PLATE 5B. Edouard Travies.

El pintor frances Edouard Traviés se caracterizó por su obra descriptiva y fidedigna, propia de la Historia natural para la identificación de nuevas especies.

Sus lustraciones, han sido consideradas como algunas de las mejores jamás producidas; la mayoría de estas describen las especies de aves nativas de América Central y del Sur. Todas muestran a las aves interactuando con plantas y flores de su hábitat correspondiente, tales como orquídeas y passifloras.
Para producir sus propias obras impresas, Travies siempre optó por utilizar la litografía, sus dibujos originales, se reproducían en esta técnica ya que posee un gran atractivo, por sus cualidades.

Edouard Travies (1809-1869)

Traviès no solo se limitó a la simple ilustración ornitológica; si no que planteó un "Arte Ornitológico"; fué el primer artista en captar correctamente el carácter individual y la imponencia de las aves así, como, en darle importancia a su hábitat y entorno. Esto, junto con la riqueza del detalle, es lo que le otorga un encanto a sus imágenes y las pone por encima del ámbito puramente científico.
A diferencia de muchos de sus contemporáneos, era un artista, del pincel y de la piedra, la litografía iluminada es, sin duda, la técnica que empleó en su mejor obra publicada: " Les Oiseaux remarquables Les Plus." Las aves más distinguidas.

viernes, 8 de octubre de 2010

HISTORIA NATURAL


Georges Louis Leclerc, conde de Buffon fué un naturalista, botánico, matemático, cosmólogo y escritor francés. Sus ideas innovadoraqs fueron muy influyentes en los posteriores trabajos de Lamark y Darwin. Desarrolló una enciclopedia dedicada al mundo de las aves con preciosas ilustraciones. Fueron varios los artistas que compartieron la tarea de ilustrar la extensa obra, pero el más significativo fue el francés Travies. Su obra fue muy extendida por toda Europa y se tradujo a multitud de idiomas. Algunas de las ediciones llevan las ilustraciones coloreadas a mano y otras simplemente los grabados están en blanco y negro.


Litografía iluminda de Edouard Traviés

La precisión del artista frances Edouard Traviés lo sitúa como uno de los mejores artistas científicos que han existido. Sus dibujos originales eran reproducidos por medio del grabado y la litografía.

jueves, 7 de octubre de 2010

ILUSTRACIÓN CIENTÍFICA

A continuación una breve histora que habla sobre la ilustración científica:


Image From:Frederick Godman Insecta. Lepidoptera-Rhopalocera , 1879-1901

The development of scientific illustration in early modern Europe paralleled a rising interest in studying, collecting, and classifying the natural world. These practices gave rise to new methods of documenting and displaying nature and its products. Although early modern European artists and naturalists did not deliberately set out principles or rules for creating scientific images, a common set of practices emerged during the period that formed the foundation of scientific illustration into the modern period.

From the late medieval period pictorial techniques designed to convince viewers that an image contained an exact record of the artist's observation were increasingly employed in the illustration of botanical and medical texts, as well as in illuminated manuscripts. To convey the impression of accuracy and lifelikeness, artists often depicted objects against a plain background and offered highly detailed renderings of surfaces and textures. Such images functioned variously as practical aids to identification and study, as delightful entertainments, and as symbolic representations of religious and philosophical ideas. The plants and other minute objects represented in the margins of illuminated books of hours inspired readers to marvel at both the complexity and beauty of the natural forms and the artist's skill. During the early modern period images of the natural world continued to be characterized by a dual capacity to delight and instruct the viewer. Leonardo da Vinci's (1452–1519) pen-and-ink studies of plants, animals, and the human body combined meticulous observation of natural structures with idealized forms and harmonious compositions. Albrecht Dürer's (1471–1528) plant and animal studies treated subjects similar to those found in the borders of illuminated manuscripts but focused on previously "marginal" subject matter as the main subject of the compositions. The two major botanical publications of the sixteenth century, Herbarum Vivae Eicones (1530–1536) by Otto Brunfels (c. 1488–1534) and De Historia Stirpium (1542) by Leonhard Fuchs (1501–1566), exemplify one of the central problems of scientific illustration. The illustrations in both publications rely on empirical observation but reflect differing ideas about the meaning of accuracy and lifelikeness in images. The images of plants in Brunfels are individualized portraits containing signs of decay and features unique to a particular specimen, whereas the images in Fuchs attempt to capture the general characteristics of the species by presenting perfect, idealized specimens.

Other early modern European artists highlighted the ambiguous relationship between visual images and the reality they purport to represent. Joris Hoefnagel (1542–1600) often depicted imaginary creatures in a meticulous and convincing visual style, while the deep hues, intense luminosity, and sculptural forms of Jacopo Ligozzi's (1547–1627) botanical drawings create a profound material presence that in some cases may have surpassed that of the actual specimen. By the end of the seventeenth century, artists such as Maria Sibylla Merian (1647–1717) incorporated the meticulous style perfected by Dürer, Hoefnagel, and Ligozzi into vibrant compositions of living creatures in their natural habitats competing with one another for survival.

Scientific illustration in early modern Europe was closely connected to the collecting practices of the period, particularly in the field of natural history. Collectors such as Ulisse Aldrovandi (1522–1605) and Conrad Gessner (1516–1565) assembled exotic objects from the New World, Asia, the Middle East, and Africa into cabinets of curiosities, the forerunners of modern museums, and published copiously illustrated natural histories based on their collections. Illustrations were used to document and supplement existing collections, and in some cases functioned as collections in and of themselves.

Close connections between artistic and scientific practice were also evident in the area of anatomical illustration. Andreas Vesalius (1514–1564) worked with artists from Titian's (1488 or 1490–1576) workshop to produce the illustrations for his De Humani Corporis Fabrica of 1543, in which human figures in various stages of dissection were depicted in poses derived from ancient sculpture. Early modern scientific illustration also treated technical and mechanical subjects, making use of visual forms used in botany, natural history, and anatomy, as well as diagrams, used by astronomers and mathematicians to describe movement and abstract ideas. Over the course of the seventeenth century optical instruments such as the telescope and the microscope were used to investigate previously invisible structures and phenomena, and illustrations were used to communicate these discoveries to others. Galileo Galilei's (1564–1642) Sidereus Nuncius of 1610 made use of both diagrams and illustrations to convey new knowledge gained through the use of the telescope about the surface of the moon and the newly discovered moons of Jupiter. Robert Hooke's (1635–1703) Micrographia of 1665 presented readers with meticulously crafted illustrations of magnified objects and creatures observed with a microscope.

SOURCE: FROM GALE ENCYCLOPEDIA OF THE EARLY MOTHERN WORLD


Bibliography

Primary Sources

Hooke, Robert. Micrographia. London, 1665.

Richter, Jean Paul, ed. The Notebooks of Leonardo da Vinci. 2 vols. New York, 1970.

Vesalius, Andreas. De Humani Corporis Fabrica. Basel, 1543.

lunes, 4 de octubre de 2010

SCIENTIFIC INSTRUMENTS


Galileos telescope

Throughout the 16th and 17th centuries, there was a progressive interest in the natural world, partly as a result of the weakened hold of the Catholic church; partly due to the rise of a new, affluent Middle class in Holland that enjoyed its affluence and wanted it documented in realistic portraits, domestic scenes and landscapes; partly stimulated by the exploration of new lands. This interest led to the development of new scientific instruments such as telescope and to a new realism in illustrations and fine art.


Head of a Fly, from Robert Hooke, Micrographia (1665)

The microscope was developed in the 1600’s and opened a new world for investigation and illustration. This magnificent drawing of a flea is by Robert Hooke, famous for his book Micrographia, a folio of drawings of insects and objects seen in the microscope. Hooke made his study by building up a picture of the whole insect through a minute examination of its separate regions.


Estudio de Mariposa
Autor: Fernando Emmanuel Laverde B.

sábado, 13 de febrero de 2010

La Nueva Granada y Los Estados Unidos de Colombia

La Nueva Granada y Los Estados Unidos de Colombia

V. LA NUEVA GRANADA Y LOS ESTADOS UNIDOS DE COLOMBIA

A partir de la Gran Colombia (1819-1830) el país, ya independiente de España, abre sus puertas a Europa, preferencialmente a Inglaterra y Francia, por la ayuda que le prestaron para conseguir la independencia. Y comienzan a llegar exploradores, naturalistas y geógrafos, cronistas de viajes, algunos científicos, dibujantes, ansiosos todos de conocer la legendaria, fabulosa y heroica Nueva Granada.

Investigadores de lo presente y lo pasado, recorren casi todo el territorio, tomando apuntes, dibujando selvas, montañas, ríos, paisajes y escenas de la gente. Y fueron escribiendo y publicando libros y enciclopedias que difundieron por todo el mundo, llevando la imagen de un país espléndido, maravilloso, de una riqueza natural inmensa.

martes, 26 de mayo de 2009

José Celestino Mutis

José Celestino Bruno Mutis y Bosio; Cádiz, 1732 - Santafé de Bogotá, 1808) Médico y botánico español que figura entre los más destacados iniciadores del conocimiento científico en el Nuevo Mundo.

José Celestino Mutis estudió medicina y cirugía en el Colegio de Cirugía de su ciudad natal, que fue un centro de renovación médica a la vanguardia de la ciencia aplicada en España. Sin embargo, como dicha institución no estaba autorizada a otorgar el grado de bachiller en Artes y Filosofía, Mutis tuvo que terminar su carrera en la Universidad de Sevilla. Una vez concluidos sus estudios, se vinculó, durante cuatro años, al Hospital de Cádiz.



Se interesó entonces por la astronomía y la botánica, disciplinas en las que tuvo por maestros a Jorge Juan de Santacilia para la primera y a Domingo Castillejo y Miguel Barnades para la segunda. En realidad, en su período de formación, Mutis tuvo excelentes preceptores: Jorge Juan fue, junto con Antonio de Ulloa, el gran pionero del redescubrimiento científico de América, y Barnades fue el protagonista del renacimiento de la ciencia botánica en la Península. Cuando Mutis recibió el título de médico del Real Proto-Medicato de Madrid, contó con la tutela de Andrés Piquer, la mayor eminencia de la medicina española de la época.

Mutis se desempeñó como suplente de la cátedra de anatomía del Hospital General de Madrid y perfeccionó sus conocimientos botánicos en el Jardín del Soto de Migas Calientes. En 1760 rechazó una beca de especialización en París y partió para América como médico particular del recién nombrado virrey Pedro Messía de la Cerda, pues entendió que en el Nuevo Continente podría consagrarse como científico, dedicándose especialmente al conocimiento de las quinas. Deseaba desentrañar algunas de sus incógnitas, establecer sus reales propiedades curativas, sus limitaciones terapéuticas y sus potencialidades económicas. En los primeros años de su vida en Santafé, abrigaba la idea de viajar a Loja, en la provincia de Quito, para cumplir con tales investigaciones.

José Celestino Mutis partió de España rumbo a América el 7 de septiembre de 1760, y llegó a Santafé el 24 de febrero de 1761. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botánica o zoológica. También le sorprendió el ambiente cultural y social: la educación superior era una copia de las instituciones educativas metropolitanas, especialmente de la contrarreformada Universidad de Salamanca, y se hallaba encomendada a las distintas órdenes religiosas (Santo Tomás a los dominicos, Javeriana a los jesuitas, Agustiniana de San Nicolás de Bari a los agustinos) o al clero secular (Nuestra Señora del Rosario). La pedagogía que se infundía en las escuelas y seminarios era heredera del Concilio de Trento de 1530 y estaba centrada en el aristotelismo y la escolástica tardía, sin ninguna explicación científica de la realidad.

Desde que Mutis desembarcó en Cartagena se preocupó por adelantar observaciones astronómicas, recolectar plantas con las que fue formando un herbario, comprobar gran parte de lo consignado en obras escritas sobre América y estudiar la quina. Al año y 17 días de su llegada a Santafé, sentó las bases de la revolución científica e ideológica en el Virreinato de la Nueva Granada cuando, en el discurso inaugural de la cátedra de matemáticas del Colegio Mayor del Rosario, expuso los principios elementales del sistema de Copérnico: fue la presentación de una nueva metodología, la del eclecticismo, y de una novedosa actitud ante el mundo y la vida, que significaba el abandono del fanatismo y la credulidad, para entrar en los terrenos de la física de Newton.

En ese empeño por modernizar las estructuras mentales de los criollos neogranadinos, Mutis se enfrentó con los sectores tradicionales de aquella sociedad estamental, y en especial con los dominicos. Así, en 1773, se declaró copernicano ante el virrey Manuel Guirior, en 1774 se le siguió causa, que fue archivada, y en 1801, tuvo que volver a defenderse, todo un escándalo para la hipócrita y pacata sociedad de la época.

Una de las consecuencias de la exposición de la teoría heliocéntrica de Copérnico fue que, después de la expulsión de los jesuitas en 1767, la Corona tuvo que llenar de alguna manera el vacío cultural e ideológico que dejaron los padres de la Compañía de Jesús. En ese contexto el fiscal y doctor Francisco Antonio Moreno elaboró un Plan de Estudios en el que se creaba una universidad pública y unos estudios generales; la base ideológica para tales planteamientos fue el discurso inaugural de Mutis en la capilla de La Bordadita.
En 1763, Mutis envió al rey de España una representación, escrita desde Cartagena, en la que planteó escribir la Historia Natural de América. No obtuvo respuesta y volvió a redactar, al año siguiente, otra carta, con el mismo resultado. Decidió entonces ir adelantando por su cuenta ese trabajo, para el cual necesitaba fondos. Aunque era el médico preferido de los habitantes de Santafé y percibía buenas entradas económicas, prefirió incursionar en arriesgadas empresas comerciales y mineras. Entre 1766 y 1770 permaneció en las minas de La Montuosa, en las cercanías de Pamplona, y entre 1778 y 1782 estuvo en las del Sapo, en las proximidades de Ibagué. En ambos intentos fracasó económicamente, aunque introdujo, junto con su socio Juan José D'Elhuyar, el método de amalgamación para la extracción de la plata.

En lo que no fracasó, aunque tuvo que afrontar serias disputas, fue en el descubrimiento de la quina en el territorio de la actual Colombia. El interés de Mutis lo llevó a recorrer constantemente los alrededores de Santafé y la búsqueda dio resultados cuando en 1772 encontró el vermífugo en compañía de don Pedro Ugarte, en el monte de Tena. En 1774 el médico panameño Sebastián López Ruiz obtuvo una comisión real para hacer indagaciones sobre la existencia de la quina en Tena, Guayabal y La Mesa, con lo que entró en polémica con el sabio.

Al cabo de dos años, López Ruiz demostró que efectivamente había quina en los alrededores de Santafé. Luego de algunos análisis en España, fue confirmado como director de los acopios de quina en el virreinato y en 1778 el rey le otorgó un sueldo anual de dos mil pesos. Comenzó entonces un largo pleito entre ambos personajes, al final del cual Mutis salió victorioso, pero muy desgastado, y de todas maneras los resultados no fueron lo que la Corona esperaba.

Mientras llevaba a cabo sus aventuras comerciales y sus disputas con López Ruiz, el sabio Mutis continuó con sus trabajos de investigación en botánica, especialmente en el campo de las plantas útiles, que era aquello que más interesaba a la Corona. Además, mantuvo una nutrida comunicación con científicos europeos, como Carlos Linneo, Carlos Alstroemer y Antonio José Cavanilles. Fue designado académico de Upsala y algunas de sus reseñas científicas fueron publicadas en revistas suecas.

En 1777 envió una colección de plantas disecadas al Jardín Botánico de Madrid y otra a Linneo. Formó una voluminosa biblioteca, entre seis y ocho mil volúmenes, especialmente de botánica (unos tres mil ejemplares), que el sabio alemán Alexander von Humboldt juzgó comparable a la de míster Banks, presidente de la Real Sociedad de Londres.



La Real Expedición Botánica

En 1776, España creó la primera Real Expedición Botánica, en el Perú; en ello tuvieron mucho que ver los conceptos que el famoso marino español Antonio de Ulloa lanzó en su libro Noticias americanas (1772) acerca de la conveniencia económica, científica y cultural para la metrópoli de conocer en profundidad el continente americano. En 1783 el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora creó la Real Expedición Botánica del Virreinato del Nuevo Reino de Granada y nombró a Mutis como su director, con una asignación anual de dos mil pesos.

Durante los seis meses que van de abril a septiembre, la expedición funcionó provisionalmente y tuvo su sede en La Mesa de Juan Díaz; el equipo humano inicial fue reducido: el sabio, como director, Eloy Valenzuela, como segundo, y Antonio García, como dibujante. Luego se incorporaron, como herbolarios, el indígena Luis Esteban y el campesino Roque Gutiérrez.

El 23 de noviembre de 1783, la expedición fue confirmada por real cédula y se trasladó a Mariquita. Esta población resultaba bastante propicia para adelantar las labores de inventario de la expedición: se asentaba entre dos cordilleras, su comunicación con Santafé no era difícil y era paso obligado en la vía que enlazaba la capital con el principalísimo puerto de Honda, hecho que favorecía las labores comerciales, además de situarse también cerca de un centro minero de relativa importancia, donde era factible ensayar las diversas técnicas de minería.

La Real Expedición permaneció ocho años en Mariquita, hasta que el virrey José de Ezpeleta decidió que para su mayor control debía ser reubicada en Santafé, con lo cual el ambiente cultural de la capital virreinal se vio fortalecido. Se formó así la Casa Botánica, que funcionó hasta 1816, cuando las tropas de la reconquista española la cerraron definitivamente, remitiendo su patrimonio científico a España.

En Mariquita la expedición se reorganizó poco a poco. Se crearon cargos con funciones muy definidas: los comisionados, personal de confianza de Mutis y del virrey, emprendían largas excursiones a diversas partes del virreinato, para reconocer y recolectar minerales o plantas diferentes a las ya conocidas, pero también para acumular datos y observaciones científicas; se destacaron fray Diego de García, Pedro Fermín de Vargas, Bruno Landete, el geógrafo José Camblor y Francisco José de Caldas.

Los botánicos debían recoger muestras exclusivamente botánicas y eran acompañados de uno o varios herbolarios que ejercían funciones auxiliares. Los pintores se encargaban de copiar las plantas recolectadas sin omitir el más mínimo detalle y con la mayor perfección posible. A partir de 1791, existieron agregados científicos como Francisco Antonio Zea, Juan Bautista Aguilar, José y Sinforoso Mutis, y de igual forma se creó el cargo de oficial de pluma, que ejerció José María Carbonel. Así, de los tres puestos creados inicialmente, la Real Expedición llegó a contar en 1808 (año de la muerte de José Celestino Mutis) con un total de 35 personas.

Tradicionalmente se ha insistido en que la coyuntura para que el arzobispo-virrey se decidiera a formar la Expedición Botánica en el virreinato fue la solicitud de unos científicos alemanes para recorrer los territorios de la actual Colombia. Como parte de las labores asignadas, Mutis debía enriquecer las colecciones botánicas del Gabinete de Historia Natural y del Jardín Botánico de la Corte mediante permanentes remisiones de semillas y raíces vivas de las plantas y árboles más útiles, sin omitir observaciones geográficas y astronómicas y la redacción de La flora de Bogotá.

Todo ello es cierto, como también lo es que en la iniciativa de la expedición jugó un papel determinante la Revolución de los Comuneros de 1781 y que los comisionados debían informar y evaluar social, política y económicamente los distintos pueblos y provincias del virreinato, con el fin de que la Corona pudiera tener una idea de las distintas situaciones y poder aplicar correctivos.

El aspecto más importante de la Expedición Botánica fue su contribución a la conformación y consolidación de una clase culta criolla, toda vez que muchos de sus miembros fueron próceres de la Independencia y que en torno de la expedición giraron las grandes figuras de la política de la Primera República.

Los resultados científicos y económicos son más relativos, pues, si bien se coleccionaron 5.393 láminas magistralmente realizadas, compuestas por 2.945 estampas en color y 2.448 dibujadas a pluma, que representan 2.696 especies y 26 variedades, muchas de ellas no tienen la descripción correspondiente, no hay clave alguna de tal iconografía y no se conoce una correspondencia entre las láminas y el herbario. Su aporte a la taxonomía nacional actual es prácticamente nulo, ya que sólo ocho géneros y especies han conservado la denominación dada por Mutis: Barnadesia, Beforia, Ezpeletia, Ternstroemia, Vallea, Spilanthes americana, Aristolochia cordiflora y Sericotheca argentea.

La flora de Bogotá nunca se publicó en vida de Mutis. El sabio no la pudo concluir, disperso en infinidad de ocupaciones y fracasadas aventuras comerciales, como la organización de la factoría y estanco de la quina, basado en un meticuloso estudio que luego de 25 años de investigaciones dio como resultado el libro El arcano de la quina, obra aparecida inicialmente en el Papel Periódico de Manuel del Socorro Rodríguez y que es el único trabajo terminado de Mutis, en el que diferenció cuatro especies de quina: anaranjada, roja, amarilla y blanca, las cuales distinguió unas de otras según las reglas botánicas y su aplicación médica.

Con anterioridad, había escrito un proyecto de estanco de la quina, en el cual llamó la atención sobre la necesidad de racionalizar al máximo posible la explotación del producto. También intentó aclimatar los canelos de los andaquíes, que bien pronto se secaron, promover en la Corte el amargo té de Bogotá, que no fue aceptado en los mercados europeos, resolver consultas oficiales, trazar y dirigir políticas sanitarias y de minería, reformar los estudios de matemáticas del Colegio del Rosario e implantar los de medicina, de acuerdo con los logros del momento. Mutis murió en Santafé, el 11 de septiembre de 1808, a los 76 años de edad.

Extraído de Biografias y Vidas

viernes, 20 de marzo de 2009

LAMINAS ORIGINALES EN EL MUSEO NACIONAL


Estuvimos en el Museo Nacional de Colombia,donde se realizó la Exposición Iconográfica "Mutis al Natural" en este espacio se dió a conocer la vida y obra del sabio José Celestino Mutis cuyo legado historico ha constituido los principios del arte en Colombia.
En la muestra pudimos contemplar la perfección de 25 láminas botánicas , elaboradas por los pintores de la Expedición. Después de tantos años y por primera vez fueron exhibidas al público colombiano.